Al unísono y las bastillas en beneficio de los caballitos… Ico.

¿Qué onda los que se indignan reclamando por los derechos de un caballo que lleva un carro, (por supuesto que sería ideal el hecho de que un caballo no fuere instrumento, que gozase de un estado saludable, entre otros), sin poner en primer plano a los seres humanos indigentes, mayores y menores de edad, en periplo cotidiano arriba ese carro, hacia destinos que sólo quienes los transitan puede expresar tal abatimiento solamente en el gesto?



Les comento, esas personas responsables de la salud de un caballo, van a los basurales, teniendo la desgracia que el caballo no tiene, la de razonar a largo y corto plazo. El castigo de ser absolutamente conscientes respecto de su situación que conlleva la vergüenza, menoscabo. Aguantar todos los días, desde que amanece hasta que anochece, la mirada del otro. La que se caga en la otredad, (por ejemplo como el que comparte un carro de Londres y castiga al pobre buscavidas ignorando absolutamente su existencia, su necesidad).



Esa gente carga con el desprecio, con la burla en detrimento de su dignidad…
Muchas de esas personas que ignoran, y hasta condenan por el caballo, están en esa situación miserable, de abandono, de injusticia a perpetuidad, y lo que es peor, gracias a convenios sociales, por ser un estrato cristalizado ineludible. Estrato que se condensa y se sostiene por estrategias silenciosas e inquebrantables, que imprimen los demás estratos, todos.
Sí. También los más pregoneros. Los universitarios de la clase media pseudo-intelectualda. Los «progres» que comen santo y cagan diablo, los de las marchas colorinches que caretean tanto la ruptura del patriarcado, como los ideales en post de la otredad. Los que solapan con asistencialismo barato un mundo de equidad. Los que obran de cómplices alimentando y reafirmando el estatismo, la eternización de quiénes son penados por direccionamiento del imperio. Los oportunistas de siempre. Los que con caridad ganan la tranquilidad de que todo esté en su sitio. La inimputabilidad civil necesaria.


La inmunda incomodidad de los que por no qiiewe morir se mueren igual.

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