La Obscenidad del Sistema Penal



Obsceno es lo que se muestra sin reservas. Lo que se arroja a escena para hacer visto. Obscenidad es patencia: descarnada y desencantada . Es lo contrario a seducción. Ésta implica secreto, enigma, refugio para la imaginación. La seducción sugiere. Lo obsceno explicita.

Existen relaciones de poder que se tejen como un tapiz. Una vez constituidas, no dejan ver la desprolijidad de su trama. No aparecen nudos, ni cortes, ni enmiendas, a no ser en su envés.
Por ejemplo la relación que se establece en un grupo creativo, cuyos integrantes se aprecian entre sí y aman la obra que están realizando. Por el contrario, existen otras relaciones de poder , cuyo tejido no tiene ni derecho ni revés. Todo está la vista, expuesto. Así son las relaciones de poder que se establecen en las cárceles. Se trata de un ejercicio de poder sin máscaras, en estado puro. Obsceno.

No obstante, la cárcel no es una isla de poder. Imita el diagrama de fuerza que fluye por toda la sociedad. Pero sin aderezos, sin anestesia. Los carceleros y los prisioneros viven juntos sin haberse elegido. Conviven sin comprenderse. Se mueren sin llorarse. Los vigilados subsisten la sorda conciencia de saber que no salen más: o que de salir volverán a caer. Y Los carceleros vigilantes en tragicómico destino de vivir entre rejas en haber sido condenados jurídicamente. Ambos están encerrados, unos resistiendo al poder, otros representándolo. Se temen mutuamente, mutuamente se intercambian los roles. Son vigilantes-vigilados y vigilados-vigilantes.

Es inútil seguir reiterando las lacras de la cárcel. Todos las conocemos: agresiones, aislamientos, explotación, drogas, homosexualidad soez, humillación, privilegios irracionales, suicidios, violencia física y psíquica. A todo esto, hay que sumarle que nadie se enmienda por estar preso: si realmente fue culpable de un hecho criminal, sale peor y si no era culpable, tan pronto como salga hará lo posible para serlo.

La cárcel pues, por una parte, sirve para la producción de ilegalidad. Por otra, ofrece un espejo de las relaciones de poder del resto de la sociedad.
Y como la sociedad cambia, la prisión también lo hace, aunque en esencia su substancia permanece igual.

Los carceleros ya no son meros matones, ahora son diplomados. Saben psicología y sociología. Se tutean con los presos y han dejado de usar casco.

Los presos, por su parte, son cada vez más jóvenes. Estudian y ensayan alternativas militantes (huelgas de hambre, información la prensa).
Pero estas nuevas prácticas no liman la violencia. En los motines matan salvajemente

Un muro de incomprensión se levanta entre vigilantes y vigilados, otro entre los propios vigilados, En el encierro imaginado por Jean-Paul Sartre para la obra de teatro A puerta cerrada -Huis clos, 1944 no había necesidad de rejas, ya que el infierno son los otros», luego célebre frase de su autor (en francés: L’enfer, c’est les autres). El encierro carcelario real cuenta con los dos infiernos, el de las rejas y el de los otros. Tal es, por el momento, el destino de la prisión.

Graffiti: «Pop Bomb Boy», Banksy Street Art

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