Doctor Jekyll y Míster Hyde; La metamorfósis y el abrigo de Gógol.

«Podemos descomponer la historia, podemos averiguar cómo encajan sus elementos, como una parte del esquema se corresponde con otro; pero tiene que haber en nosotros cierta célula, cierto gen, cierto germen que vibre en respuesta a sensaciones que no se pueden ni definir ni desechar. Belleza más compasión: eso es lo máximo que podemos acercarnos a una definición del arte. Donde hay belleza hay compasión, por el simple hecho de que la belleza debe morir; la belleza siempre muere; la forma muere con la materia; el mundo muere con el individuo. A quienes les parece que La Metamorfosis de Kafka contiene algo más que una fantasía entimológica, se han incorporado a las filas de los buenos y grandes lectores.

Si consideramos al el relato de Dr. Jekyll y Mr. Hyde una alegoría —la lucha del Bien y el Mal dentro de cada hombre—, entonces el relato resulta insulso y pueril. Para El lector que ve en el una alegoría, su juego de sombras postulara también acontecimientos físicos que el sentido común considera imposibles; pero en realidad, dentro del marco de la narración, cómo la ve un espíritu dotado de sentido común, nada parece chocar a primera vista con la experiencia humana general. Sin embargo, quisiera observar con una segunda mirada que nos revela que el marco del relato sí choca con la experiencia humana general, Y qué Utterson y los demás personajes que se mueven alrededor de Jekyll son, en cierto modo tan fantásticos como Míster Hyde. No habrá encanto, a menos que los veamos bajo una luz fantástica. Y si desaparece el encantador y se quedan sólo el narrador y el maestro, la compañía que nos harán será bien pobre.

Historia del Doctor Jekyll y Míster Hyde está maravillosamente construida, pero es vieja. Su moral es absurda, Ya que en realidad no se describen el bien y el mal. En general se dan por supuestos, y la lucha que se entabla es una lucha entre siluetas vacías. Su encanto recibe en el arte con que Stevenson te deje el relato, pero vale añadir que, puesto que arte y pensamiento, forma y materia, son inseparables, debe haber algo de estos elementos en la estructura de la historia también.



Si se es precavido, vale sospechar que existe un defecto en la realización artística del relato —si consideramos forma y contenido por separado—, defecto inexistente en El abrigo de Gógol y La Metamorfosis. El aspecto fantástico marco —Utterson, Enfield, Poole, Lanyon, y el Londres de estos personajes— no es el mismo tipo que el aspecto fantástico de la hydilación de Jekyll. Hay Una grieta en el cuadro, una falta de unidad.

El abrigo de Gógol, el Dr Jekyll y Mr Hyde y La Metamorfosis: los tres relatos han sido calificados de fantasías. Cualquier obra de arte de calidad es una fantasía en la medida en que refleja el mundo único un individuo único. Pero cuando la gente se llama fantasías a estas tres narraciones, se refiere sólo a que su contenido se aparta de lo que suele llamarse el lenguaje corriente la realidad.

Cuando hablamos de realidad de hecho pensamos en todo lo que nos circunda. En este sentido se utiliza la palabra realidad cuando se colocan de un telón de fondo, como los mundos de El abrigo de Gógol, Doctor Jekyll Míster Hyde y La Metamorfosis que son fantasías concretas.

En El abrigo de Gógol y La Metamorfosis hay una figura central dotada de cierta dosis de pathos humano en medio de personajes grotescos e insensibles, figuras divertidas o espantosas, asnos exhibiéndose como cebras, o híbridos de conejo y de rata. En el abrigo, la calidad humana de la figura central difiere de la de Gregor en la historia de Kafka, pero esta patética calidad humana está presente en los dos. En el Dr. Jekyll y Mr. Hyde no se a de hallar ese pathos humano, ni hay latido alguno en el corazón de la historia, ni una lamentación como el (“no puedo salir, no puedo salir” del estornino tan desgarrador en la fantasía de Sterne, viaje sentimental). Stevenson dedica muchas páginas al olor de la situación de Jekyll; pero el libro en definitiva, no es más que una soberbia función de marionetas.

La belleza de las pesadillas de Gógol y de Kafka está en que sus personajes humanos centrales pertenecen al mismo mundo fantástico que los personajes inhumanos que los rodean, pero el personaje principal trata de escapar de ese mundo, quitarse la máscara, trascender el gabán o el caparazón. En cambio, en el relato de Stevenson no hay unidad entre esos contrastes. Los Utterson, Poole, Enfield, etc., están concebidos como meros personajes vulgares, en realidad son personajes de Dickens, por lo que no son sino meros fantasmas ajenos a la realidad artística del propio Stevenson, del mismo modo que la niebla de Stevenson es obra del taller de Dickens para envolver un Londres convencional. De hecho, la pócima mágica de Jekyll es, a mi juicio, más real que la vida de Utterson. Por otro lado, se supone que el tema fantástico Jekyll-Hyde está en contraste con ese Londres convencional, cuando en realidad, dicho contraste reside en la diferencia entre un tema gótico medieval y un tema dickensiano. No es la misma diferencia que la existente entre un mundo absurdo y el patéticamente absurdo Bashmachkin, o entre un mundo absurdo y el trágicamente absurdo Gregor.

El tema Jekyll-Hyde no forma una unidad con su escenario porque el tipo de fantasía difiere del tipo de fantasía inherente al escenario. En realidad, no hay nada particularmente patético trágico en Jekyll. Se disfruta de cada detalle de ese maravilloso engaño, de ese juego de prestidigitación; pero no hay en el ningún lado artístico emocional, y de hecho de que sea Jekyll o Hyde quien predomine, los resulta completamente indiferente al buen lector.

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