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Tragarse el móvil

Leí una noticia vieja: «Un imigrante magrebí se traga un móvil en Roma y la policía lo salva». Es decir, qué la policía pasa por allí y ve a un tipo tirado por los suelos escupiendo sangre, rodeado de compatriotas, lo sube al coche, lo lleva al hospital, y allí le extraen un Nokia de la garganta.

Pues bien, me parece imposible que (aparte del hallazgo publicitario de Nokia) un ser humano, por muy alterado que esté, se pueda tragar un móvil. El periódico avanza la hipótesis de que el episodio se produjo durante un ajuste de cuentas entre traficantes y, por lo tanto, es más verosímil que el móvil haya sido introducido en la boca a la fuerza, no como delicatessen sino como castigo (quizás el castigado había llamado a alguien y no debía hacerlo).

La piedra en la boca es un ultraje de origen mafioso y se suele hundir en las fauces del cadáver de alguien que ha revelado secretos a extraños (hay una película de Giuseppe Ferrara con ese título (Il sasso in bocca), y no hay nada de sorprendente en que esa práctica haya pasado a otros grupos étnicos.

Ahora bien, esta vez no se trata de una piedra sino de un móvil, y esto me parece extremadamente simbólico; la nueva criminalidad ya no es rural; es urbana y tecnológica: es natural que los rituales mafiosos se <cyborgicen>. No solo eso, sino que hundirle a alguien el móvil en la boca es como si le metieran los testículos, es decir, lo más íntimo y personal que posee, el complemento natural de su corporeidad, extensión de la oreja, ojo y a menudo también del pene. Ahogar a alguien con su móvil es como estar ahogándolo con sus mismas viseras. Toma, te ha llegado un mensaje.

Autor:

… Barrial y oportunista. Del lado infra literario Polema fetería y sucundún deviene del vocablo del absurdo trágico. Jamás de alguna picardía tangible qué hiciera uso de la cancioncilla tradicional. Ni lado A ni lado B… La Polemática ha de hallarse en la fosa, esa que es producto de la brecha mechera, la eterna Meresunda de los que tienen miedo a la libertad y andarán menoscabando el camino hacia el Rolo del hombre necio… Predico en mi fuero interno El Credo Frommiano Erichense No me defino porque la etimología me obliga ante el juramento de no cometer accidentes de estirpe «lapsus linguae». Definir/se: La palabra definir viene del latín definire formada del prefijo de-, que tiene un valor resultativo e indica a veces una dirección desde arriba hacia abajo y el verbo finire (terminar), de finis (final, término). La idea es de poner límites o fronteras a algo, para separarlo de otras cosas «limítrofes’ y que no se confunda. De ahí también las palabras: • Definible – El sufijo -ible indica posibilidad, que se puede definir. • Definidor – El sufijo -dor indica el que obra, o sea, el que define. • Definitivo – En este caso el sufijo – ivo indica relación activa. / Definitivamente – El sufijo -mente- sirve para complementar al verbo (forma adverbios), en este caso hacer algo para poner punto final, se define sin dejar una duda… Se sabe que a los seguros se los llevaron presos… (Ah pero… a los desiderativos también) Pase mire vea…

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