«Cuatro memorias en la obra de Jorge Luis Borges»

La memoria es individual. Nosotros estamos hechos, en buena parte, de nuestra memoria.Esta memoria está hecha,en buena parte, de olvido.»J. L. Borges (1979), El tiempo.La obra de Jorge Luis Borges posibilita echar una mirada original a ciertos psicodinamismos que intervienen en la configuración de la memoria y del olvido.Su obra resulta ser, en gran medida, una denuncia y a la vez un alegato. Denuncia el poder secuestrador de la memoria imperante de otras generaciones que suelen alienar a los individuos en una historia de otros que no les conciernen, y los retienen fatalmente en un laberinto clausurado al cambio. Por otro lado, su obra constituye un alegato en defensa de una memoria liberadora tanto para el sujeto como así también para los pueblos.Para T.S. Eliot, la memoria opera como una clave para ingresar con esperanza en un renovado acto de liberación, mientras que en la obra del autor de El Aleph la mayoría de sus personajes permanecen inexorablemente abrumados y con desesperanza, bajo el peso agobiante del poder de una memoria excesiva e impuesta. Esta es la utilidad de la memoria, para la liberación. No disminución del amor, sino expansión del amor.Más allá del deseo, y así liberación del futuro. Tanto como del pasado.Entre los pliegues de la “cambiante forma de la memoria que está hecha de olvido” (Borges, 1983) distingo cuatro memorias: la del rencor, del pavor, del dolor, y la memoria del esplendor.Mientras que las memorias del rencor y del pavor permanecen refractarias al olvido, al perdón y al trabajo del duelar (Kancyper, 2003), las memorias del dolor y del esplendor integran al pasado en una diferente reestructuración afectiva espacial y temporal y propician al mismo tiempo el duro, lento e intrincado trabajo de elaboración de los duelos.Sarlo (2007) sostiene que contra todo fanatismo, la literatura de Borges persigueun ideal de tolerancia y de confrontación con las creencias cristalizadas desde el fondo de los tiempos. Este rasgo emerge de ficciones, donde las preguntas sobre el orden en el mundo no se estabilizan con la administración de una respuesta; por el contrario, los temas fantásticos de Borges son la arquitectura que organiza dilemas filosóficos e ideológicos. Si la defensa de la autonomía del arte y del procedimiento formal es uno de los sustentos de la poética de Borges, el otro (conflictivo y asordinado) es la problemática filosófica y moral sobre el destino de los hombres y de las formas de su relación en sociedad.Desde una mirada psicoanalítica, se estima, que las invenciones ficcionales borgeanas posibilitan además visualizar los dilemas psíquicos invisibles qu atormentan con ironía y escepticismo a sus personajes. Una forma del escepticismo en los personajes borgeanos toma la forma de expresión que el orden individual y social resulta insondable. No hay posibilidad alguna de que los hombres puedan alterar las reglas que gobiernan su devenir. Por lo tanto, resulta imposible contrarrestar las causas y fuerzas que promueven un destino herrumbrado. Los arcanos del orden individual y social son enigmáticos, sus obstáculos son infran-queables y, por ende, permanecen retenidos en el seno de laberintos invencibles. Los personajes borgeanos descreen en la posibilidad de poder realizar cambios psíquicos.Mientras que el psicoanálisis, la “ciencia del anti-destino”, intenta, cifrando una cierta esperanza, poder descifrar algunos de los múltiples mecanismos inconscientes que intervienen en la configuración de los conflictos psíquicos para contrarrestar así el tiempo circular repetitivo. Los temas de la invención borgeana fluctúan entre la esperanza utópica y la desesperanza del escepticismo, entre la idealización extrema y una inexpugnable desilusión. Durante las cuatro décadas que separan a Funes el memorioso (1942) de Herman Soergel, protagonista de su último cuento La memoria de Shakespeare (1982) se libran en el mundo interno de los personajes borgeanos batallas ambivalentes entre “la memoria que elige y que redescubre y el olvido que purifica” Borges (1981).Fatalmente, los personajes borgeanos no pueden olvidar ni amnistiar sus afrentas narcisistas y traumas escindidos, permanecen vencidos por el poder acechante de una memoria impuesta, lo cual reabre un interrogante acerca de cuál sería la capacidad transformadora de las actividades sublimadas para propiciar ciertos cambios en la realidad psíquica de los creadores.Soy (1975)»Soy el que pese a tan ilustres modosde errar, no ha descifrado el laberintosingular y plural, arduo y distinto,del tiempo, que es de uno y es de todos.Soy el que es nadie, el que no fue una espada en la guerra. Soy eco, olvido, nada.»El narrador borgeano, frente a su imposibilidad de historizar la caótica resignificación del pasado, intenta desmentir los influjos provenientes de la memoria apelando entonces al “instante”, como un intento de aprehender el sentido temporal sin continuidad con el pasado ni con el futuro. Se vive humillado al no poder desasirse en sus memorias de los espectros que lo acechan sin tregua.En las invenciones narrativas de Borges, el individuo y la sociedad se hallan predestinados por leyes no identificables que establecen un orden contrario a toda posibilidad de cambio, o que responden a un azar cuya excentricidad y extravagancia es tan fuerte como la determinación. En cualquier caso, los hombres no pueden alterar sus destinosy las reglas que gobiernan al mundo son inaccesibles a sus súbditos. El protagonista borgeano permanece así retenido como un rehén en su propio laberinto de escepticismo y es precisamente esta desesperanza la que comanda al masoquismo moral y necesidad de sufrimiento que suelen determinar que ciertos “sujetos borgeanos” sean renuentes a aceptar la teoría y práctica del psicoanálisis.En algunos casos inician un proceso terapéutico, pero con facilidad se estructura con el analista un baluarte borgeano que obstaculiza la dinámica del campo analítico. (Kancyper, 2010) El otro caso, Kancyper describe la presencia de un baluarte kafkiano en la situación analítica como un severo reto resistencial para el ejercicio de la disciplina. Pero ¿en qué se asemejan y en qué se diferencian ambos baluartes? Se asemejan en la desesperanza. En el baluarte borgeano la desesperanza del analizante se acompaña de ironía y de escepticismo, en la de Kafka, en cambio, la desesperanza genera negativismo y somatización.

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